Ennio Morricone: musica per il cinema, éxtasis para el corazón.

Escrito por Jorge Alejandro Apanco. 28 de Mayo de 2008
Etiquetas: Cine, Conciertos, Música

El tiempo pasaba lentamente mientras las butacas rojas y azules del Auditorio Nacional poco a poco iban siendo ocupadas por los asistentes, algunos músicos afinaban los últimos detalles de sus instrumentos y en el ambiente podía sentirse la ligera ansiedad de saber que algo increíble estaba a punto de suceder.

Ennio Morricone, musica per il cinema, éxtasis para el corazón.

El Auditorio lucía lleno, aplausos podían oírse a lo lejos pidiendo que ya comenzara el concierto, el Coro de la Ciudad de México elegantemente tomó sus lugares y la Roma Sinfonietta se alistó para el inicio. Por fin, Ennio Morricone apareció sobre el escenario, se escuchan murmullos, un tambor resuenó fuerte, se hizo el silencio y las primeras notas de “Los Intocables” parecian cubrirlo todo.

El viaje comenzó, la música de Morricone fue el pretexto ideal para que nuestros oídos y corazón se transportarán a través de “Erase una vez en América”, “El clan de los sicilianos” y “El que grita amor”. Al escuchar la música no puedias más que cerrar los ojos e imaginar las escenas que describia para abrirlos de nuevo y descubrir la impresionante sincronía con que las notas eran interpretadas por la Roma Sinfonietta.

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Es un momento culminante, la flauta y el arpa se unen para interpretar la música de “El bueno, el malo y el feo” mientras el Coro de la Ciudad de México participa por primera vez en el concierto. Susanna Rigacci sale a escena con un bellísimo vestido rojo. Su voz aderezada con la dulzura del piano, la nostalgia del oboe y las 100 voces del coro dan como resultado el plato fuerte de la noche: “El éxtasis del oro”. Las trompetas resuenan, un instante de incertidumbre y el Auditorio Nacional ruge en aplausos.

En la segunda mitad del concierto es turno para la música del cine social, “La batalla de Argel”, “Pecados de Guerra” y “La clase obrera va al paraíso” son algunas de las conmovedoras melodías de corte épico y esperanzador que el público disfrutó esa noche. Bajo la dirección de Morricone los instrumentos parecen tener un diálogo. Violines, flautas, violonchelos, contrabajos, trompetas, clarinetes y el arpa se dicen palabras que aunque son incomprensibles para nosotros, solamente podemos catalogarlas como hermosas.

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El tema elegido para finalizar el concierto fue “La misión”, en el cual Carlos Romano ofreció una magistral interpretación con su oboe. Conmovido el público aplaudió en una prolongada ovación que hizo regresar a Morricone para interpretar un tema que le había sido solicitado “Cinema Paradiso” el público eufórico no dejaba de aplaudir y Morricone salio acompañado por Susanna Rigacci para interpretar de nuevo “El éxtasis del oro”. Los aplausos no paraban y el encore continuo con una pieza más excelsamente interpretada por el coro.

Ennio Morricone lucia cansado pero feliz ante el calor del público, luego con una reverencia, agradeció a los presentes, tomó sus partituras y salió del escenario de la mano de su primer violín, en señal de que el concierto había terminado.


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